Sociedades complejas frente al reto de la COVID-19. Reflexión preliminar

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Sociedades complejas frente al reto de la COVID-19. Reflexión preliminar
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¿Qué son las sociedades complejas?

Las sociedades complejas son el modelo de organización social más habitual en la actualidad.  Han sido  analizadas extensamente por autores como  Talcott Parsons o Niklas Luhmann.

Están conformadas por diferentes sistemas, cada uno de ellos con funciones concretas pero que se encuentran altamente interrelacionados unos con otros. Cada uno de estos sistemas se encuentra integrado por subsistemas, los cuales desarrollan funciones específicas dentro de él.

La estructura de sistemas y subsistemas está en permanente evolución  debido al carácter problemático de la realidad; la cual le plantea distintos retos:  problemas que requieren soluciones, situaciones nuevas para las que todavía no hay directrices claras,  choques entre los sistemas o subsistemas debido a un tema concreto, respuestas paradójicas a situaciones, etc.

La característica central de los sistemas (y de los subsistemas) es su especialización funcional. Es decir, que se especializan en desempeñar una función concreta y toda su organización interna se configura para cumplir dicha función. A medida que pasa el tiempo los sistemas tienden a mejorar la forma en que desempeñan sus funciones; modificando sus estructurasinternas, procedimientos, etc.

Ahora bien, ¿cómo pueden unos sistemas que  tienden a la hiperespecialización tener efecto sobre una realidad social tan amplia?

Mediante los flujos comunicativos que se establecen entre los sistemas, los cuales generan una dinámica de funcionamiento global para la sociedad.  Un proceso caracterizado por ser policéntrico.

Esto significa que no existe una relación jerárquica entre estos sistemas y subsistemas, no se puede decir que exista uno que domine a los demás; sino que los flujos comunicativos que se establecen entre ellos generan influencia de uno sobre otro.

Interacción entre sistemas en las sociedades complejas

Esa influencia  mutua, que se establece entre los sistemas, no está exenta de polémica  y puede generar situaciones de desequilibrio que la dinámica de interacción se esfuerza por solucionar llegando a una situación de nuevo equilibrio que, a su vez, se verá afectada por nuevos flujos comunicativos.

Este ciclo de  equilibrio- desequilibrio – nuevo equilibrio se repite continuamente convirtiéndose en la clave para que los sistemas sociales se desarrollen y mejoren su especialización funcional. En resumen, este ciclo constituye el principal mecanismo para que se produzca la evolución social.

De esta manera podemos entender las sociedades actuales como un escenario en el que interactúan (se comunican) de forma problemática sus diferentes sistemas:

  • El sistemas político, que tiene como función alcanzar y mantener el Poder dentro de la sociedad.
  • Un sistema económico, cuya función es generar riqueza.
  • Un sistema jurídico que tiene como función crear los elementos comunicativos (leyes y similares) que dirigen la convivencia dentro de la sociedad.
  • Etc.

El buen funcionamiento de las sociedades complejas se basa en la continuidad de esta dinámica. Algo que la  COVID-19 alteró de manera radical.

Reto de la COVID-19 a las sociedades complejas

Cuando  en los primeros meses de 2020 la COVID-19  se extendió fuera de China (golpeando Europa, EE.UU y  América del Sur), los sistemas sanitarios de muchos países colapsaron y fueron incapaces  de cumplir con su función social: atender a las personas enfermas.

Este hecho provocó un importante desequilibrio en dichas sociedades. Los otros sistemas sociales se vieron obligados a intervenir para ofrecer respuesta a esta problemática

En concreto, los diferentes gobiernos (el sistema político)  tomaron una serie de decisiones que, en el práctica, implicaban que el resto de sistemas sociales quedaran subordinados a él; estableciendo una estructura jerárquica donde el sistema político tuviera el papel directivo.

Fue bajo esta lógica que en muchos países, los líderes políticos optaron por la estrategia de  imponer cuarentenas y   confinamientos a su población.

Ante todo, conviene aclarar que este texto no pretende entrar en la polémica sobre si las cuarentenas eran convenientes o no. Teniendo en cuenta la gran cantidad de especialistas (científicos, médicos, virólogos) que argumentaron en favor de ellas,  seguramente era la mejor alternativa posible cuando comenzó la expansión de la pandemia.

En esta entrada lo que buscamos es analizar los efectos de esta medida sobre el funcionamiento de la sociedad, con la ayuda de conceptos provenientes de la Teoría de Sistemas Sociales.

Esta decisión tuvo efectos importantes sobre el resto de sistemas sociales, dentro de los más visibles podemos mencionar los siguientes:

  • El sistemas económico. Tuvo que hacer frente a una paralización de la actividad productiva y comercial; resultándole imposible cumplir con su función de generar riqueza.
  • El sistemas jurídico, tuvo que reorientar su actuación a dar un soporte legal a las medidas implementadas.
  •  El sistema educativo,  debió adaptarse de manera acelerada para seguir funcionando en esta situación excepcional.
  • El mismo sistemas político, se vio sobrecargado intentando responder a problemáticas de tipo económico, médico o social para las que no tenía adecuada capacidad de respuesta.

Simplificación  vs complejidad social

Desde el punto de vista de la Teoría de los Sistemas, coincidiendo con lo expuesto recientemente por el sociólogo Rudolf Stichweh, esta forma de responder a la COVID-19  constituyó un intento de simplificación de lo social; una negación de su naturaleza compleja.

Un esfuerzo que no podía ser sostenible en el tiempo y que, en algún momento, terminaría generando el enfrentamiento entre los diferentes sistemas sociales; debido a que esa subordinación al sistemas político  evitaba que cumplieran adecuadamente sus funciones, lo que provocaba la pérdida de su identidad como sistema

Actualmente, después de varios meses de confinamiento, podemos apreciar múltiples ejemplos. En varios lugares encontramos que sus diferentes sistemas sociales están enfrentados entre sí, recriminándose por la actuación frente a la crisis, con perspectivas económicas muy preocupantes y  al borde de crisis sociales sin precedentes.

La cuestión no estaba en  imponer cuarentenas o no imponerlas;  la información de la que se disponía al comienzo de la pandemia indicaba que probablemente era la mejor opción  para responder. La cuestión es cómo diseñar e implementar esas medidas de cuarentenas.

Visión sistémica y el reto de las crisis

Desde una visión sistémica lo que se observa es que este tipo de medidas no deben plantearse de forma unilateral, desde un solo sistema social, sino que deben ser fruto de la interacción entre los distintos sistemas sociales. La participación conjunta es lo que permite diseñar cuarentenas adaptadas a las circunstancias concretas del lugar donde se aplicarán y conseguir el apoyo de los sistemas afectados.

Si repasamos la lista de los países más exitosos a la hora de enfrentar la pandemia (Corea del Sur, Costa Rica,  Japón, Alemania, Taiwán, Singapur), descubrimos que no respondieron a la crisis desde un único ámbito; sino que involucraron a los diferentes sistemas sociales en el diseño de una respuesta conjunta.

En todos estos países conformaron diversos comités, integrados por representantes de los sistemas sociales  afectados, en los que  se  discutían, en pie de igualdad, sobre la estrategia a desarrollar y las forma de aplicarla. Esto garantizó que se pudiera responder a la pandemia, a la vez que permitió a los sistemas sociales adaptar su estructura para seguir desempeñando sus funciones dentro de las posibilidades existentes.

Finalmente, permitió desarrollar una estrategia más dinámica capaz de adaptarse rápidamente a diversas situaciones: caída en el número de contagios, rebrotes, surgimiento de infecciones en otros lugares, etc., y ofrecer respuestas.

Un problema que está ocurriendo en muchos países es que la discusión en estos comités no se realiza en pie de igualdad; generalmente los representantes del sistema político (los gobiernos) tienen la opinión más importante, la que suele determinar lo que se hará realmente. La presencia de representantes de los otros sistemas sociales es meramente accesoria, está allí para dar una imagen de consenso o para justificar una decisión concreta.

Proceder de esta manera, de forma unilateral, provoca las problemáticas que ya hemos explicado más arriba.

Para finalizar, queremos destacar la principal enseñanza que podemos extraer de la tragedia provocada por la COVID-19:

La mejor manera para enfrentar una crisis es reconocer la complejidad de la sociedad y potenciar su carácter comunicativo. Negar esa complejidad sólo traerá mayores problemas.

By | 2020-06-26T17:06:44+00:00 junio 26th, 2020|Reflexiones sistemico-políticas|0 Comments

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