Escuela de Frankfurt, Emergencia y Complejidad social

//Escuela de Frankfurt, Emergencia y Complejidad social
Escuela de Frankfurt, Emergencia y Complejidad social
3.7 (73.33%) 3 votos

Disrupción y Emergencia en el pensamiento crítico

Uno de los fenómenos políticos más interesantes del siglo XX fueron los movimientos de protesta surgidos en la década de 1960, que se constituyeron en los primeros acontecimientos mediáticos de alcance global.

Dichos movimientos compartían una serie de características comunes:

  • Habían surgido de manera espontánea, como respuesta a situaciones puntuales.
  • Crecieron de una manera acelerada y explosiva.
  • Contaban con un liderazgo difuso. Carecían de una organización vertical clásica y estaban representados por nuevos actores sociales (artistas, estudiantes, escritores, etc.)
  • Reivindicaban una ideología difusa. Pedían soluciones a problemas concretos, más que promover un programa político determinado.

En resumen, estos fenómenos plantearon una ruptura con la lógica bipolar dominante y pusieron a prueba los modelos de análisis sociopolíticos existentes. En este post ilustraremos una forma acercarnos a su estudio, a partir del concepto sistémico de fenómeno emergente.

recordando 1968 tenemos que tener en cuenta el movimiento antibelico

Protesta contra la guerra de Vietnam

Interdisciplinariedad y el análisis de la Emergencia

Las características y complejidades de estos fenómenos pusieron de manifiesto la importancia del estudio de la sociedad que venía realizando, desde la década de 1920, la llamada Escuela de Frankfurt. Una metodología de análisis basada en la interdisciplinariedad y en una visión dinámica de los procesos sociales.

Este modelo de investigación demostró su eficacia develando las dinámicas que dieron lugar a los terribles acontecimientos de principios del siglo XX: consolidación del autoritarismo, ascenso del fascismo, llegada al poder del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, etc.

Una vez finalizada la guerra, siguió demostrando ser una herramienta eficaz para analizar la nueva realidad social surgida del conflicto; en este caso el modelo de organización social y político propuesto tanto desde el Comunismo Soviético, como desde el Capitalismo Occidental y el enfrentamiento entre ambos.

Esta metodología de análisis, denominada Teoría Crítica de la Sociedad, resultaba especialmente útil para entender la aparición de fenómenos emergentes.

 

Escuela de Frankfurt y Cultura de Masas: Miembros del equipo original

Pensamiento crítico en un mundo bipolar

Debido a la persecución que sufrieron en Alemania, la Escuela de Frankfurt tuvo que exiliarse en los EE.UU., experiencia que les permitió conocer  el modelo social del capitalismo industrial norteamericano.

Este hecho los llevo a cuestionarse por la efectividad del marxismo, uno de los fundamentos de la Teoría Crítica de la Sociedad, como  modelo de propuesta política para lograr una mejor construcción social. Dos aspectos motivaron esta reflexión.

De un lado, resultaba evidente que la aplicación práctica de la versión más ortodoxa del marxismo, la vertiente Soviética, terminó produciendo sociedades autoritarias y dictatoriales.

De otro lado, comprobaron que en las sociedades capitalistas avanzadas, como la norteamericana, el marxismo no podía promover cambios sociales significativos; simplemente porque nadie quería que se produjeran.

Más aún, analizando la sociedad norteamericana de la posguerra descubrieron dos factores que hacían virtualmente imposible un cambio significativo de las estructuras sociales; es decir, una revolución:

  • Primero, el sistema capitalista avanzado había conseguido proporcionar un mayor grado de satisfacción social y personal a los trabajadores, del que pudo ofrecer cualquier proyecto marxista.
  • Segundo, este hecho había generado una desmovilización política del proletariado, la clase social encargada de dirigir el proceso revolucionario según el marxismo clásico, y en la práctica se había convertido en el mayor valedor del sistema capitalista.

Mientras las corrientes marxistas ortodoxas, promovidas desde Moscú, intentaron negar estos hechos y achacarlos a algún tipo de manejo ideológico externo; los miembros de la Escuela de Frankfurt identificaron en ellos un interesante fenómeno emergente que merecía un análisis más detallado.

Emergencia, evolución y pensamiento crítico

La principal conclusión a la que llegaron fue que: el capitalismo presente en una sociedad industrial avanzada, como los EE.UU. de posguerra, era completamente diferente del conocido por Marx a finales del siglo XIX. Por tanto, el marxismo ortodoxo no era capaz de entender la dinámica de funcionamiento del nuevo tipo de capitalismo.

Pero, ¿qué caracterizaba esa nueva forma de capitalismo?

Para la Escuela de Frankfurt, el modelo capitalista de posguerra había descubierto la importancia de las necesidades afectivas, emocionales y personales de los trabajadores. Había dejado de verlos sólo como engranajes dentro de una cadena de producción y se interesó por conocer las otras dimensiones que integraban su personalidad.

En fin, se había convertido en un capitalismo con rostro humano.

Este cambio de postura no se debió a motivos altruistas; sino a una estrategia para prevenir conflictos que podían poner en peligro al sistema. Para entender esto conviene remontarse a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

El modelo capitalista, en aquel momento, se basaba en que los obreros realizaran largas jornadas laborales, tuvieran salarios reducidos y carecieran de derechos que hoy consideramos fundamentales. El tiempo de descanso u ocio, aquellos momentos que no estaban dedicados a la labor productiva, eran reducidos al mínimo indispensable para reponer fuerzas y poder trabajar al día siguiente.

En la práctica, la vida de un trabajador se reducía a realizar jornadas maratónicas en una fabrica, llegar a casa, dormir para recuperar su fuerza física y comenzar una nueva jornada de trabajo. Dando lugar al ciclo ilustrado en la película de Chaplin, Tiempos Modernos.

Estas condiciones provocaron, al final, que surgiera entre los obreros la conciencia de estar viviendo una situación injusta; lo que constituyó un primer paso en un proceso de organización para manifestar su descontento, pedir mejoras en las condiciones laborales y movilizarse para conseguirlas.

Fue la época dorada de las movilizaciones obreras, momento en el que aparecieron y se consolidaron agentes políticos que hacían de altavoz para las reivindicaciones de los trabajadores: partidos comunistas, partidos socialistas, sindicatos, etc.

La evolución de los acontecimientos parecía confirmar las tesis marxistas ortodoxas, señalando la ruta hacia el colapso del capitalismo y la aparición de un nuevo sistema en su remplazo. Un hecho que históricamente no sucedió…

Emergencia y nuevas estrategias de dominación

Las sociedades capitalistas avanzadas reconocieron este problema y fueron capaces de adaptarse a él, proporcionando una respuesta que permitiera desmovilizar el activismo político del proletariado; asegurando la continuidad de sus instituciones económicas y sociales.

Para ello se implementaron medidas como el establecimiento de la jornada de 40 horas semanales, los descansos dominicales, la edad mínima para desarrollar determinados oficios riesgosos; las cuales mejoraron objetivamente las condiciones de vida de los trabajadores.

Desde las posiciones ortodoxas del marxismo se pensó que la desmovilización del proletariado y su asimilación eran fenómenos coyunturales; considerando que, a la larga, se terminaría imponiendo la lógica capitalista de maximizar el beneficio económico, y se irían retirando a los trabajadores dichos logros. Lo que significaría un retroceso a la situación de comienzos del siglo XX.

Hipótesis que no fue confirmada por la evolución de los acontecimientos.

Si bien, los investigadores de la Escuela de Frankfurt constataron que, en las sociedades industriales avanzadas, los derechos alcanzados por las luchas obreras estaban siendo reducidos o estaban en proceso de desaparición, esto no implicaba  la vuelta a la movilización proletaria. Por el contrario, los trabajadores cada vez se mostraban mas satisfechos con el nivel de vida que tenían y no sentían la necesidad de alterar el estado de las cosas.

Lo cual planteaba una nueva paradoja a la teoría marxista: si las condiciones objetivas de los obreros estaban empeorando ¿por qué éstos no se planteaban volver a movilizarse?, ¿qué provocaba que siguieran contentos con su modo de vida?

Nuevamente, las respuestas del marxismo ortodoxo resultaban anacrónicas y poco convincentes.

Cultura, ocio y tiempo libre: nueva estrategia de dominación

Por su parte, la Escuela de Frankfurt descubrió que, en las sociedades industriales avanzadas, había surgido una nueva forma de dominación; sutil y más efectiva que otras anteriores. La cual también prevenía la aparición de cualquier forma de crítica o protesta social.

La nueva estrategia consistía en controlar y dirigir la esfera emocional de los integrantes de la sociedad. Lo cual se conseguía mediante los mensajes que recibían los ciudadanos, en su ámbito más intimo y personal, transmitidos a través de medios, aparentemente independientes, como el arte, el cine, la música o la literatura.

Estos elementos, eran manifestaciones culturales a las que estaban expuestos los miembros de una sociedad, llegando a tener un profundo calado en su parte emocional e inconsciente.  Los análisis más detallados revelaron que sus elementos (canciones, libros,  películas, pinturas, etc.) transmitían  una serie de principios y valores acerca de la estructura social.

A partir de estos fundamentos se construía una serie de estereotipos de lo que se consideraba socialmente aceptado, los roles que cada uno debería desempeñar en el marco de la comunidad; así como los criterios que determinaban el nivel de éxito de una persona dentro de la comunidad y la manera en que es posible conseguirlo.

Si bien este hecho no era algo nuevo, pues el arte y la cultura siempre habían sido transmisores de mensajes y valores, lo que sí resultó innovador fue la manera en que las sociedades capitalistas avanzadas lograron ponerlas a su servicio: la Industria Cultual.

Este concepto, del que ya hemos hablado anteriormente, consistía en la producción masiva (a escala industrial) de objetos de tipo cultural como canciones, libros, películas, series de televisión, etc. con el propósito de promover la adopción de una serie de actitudes y comportamientos por parte de los miembros de una comunidad.

Debido al concepto de producción masiva se creaba una especie de uniformidad en la sociedad: todos escuchaban la misma canción, leían el mismo libro, veían los mismos programas de televisión y vestían de la misma forma; lo que generaba un ciclo que consolidaba los valores que estuvieran transmitiendo dichas manifestaciones culturales.  Dando lugar a un fenómeno denominado Cultura de Masas.

El final de la revolución

Para dos de sus miembros más destacados, Max Horkheimer y Theodor Adorno,  este análisis conducía a una conclusión profundamente pesimista:

La sociedad capitalista avanzada había conseguido disciplinar todas las dimensiones del ser humano; llegando a controlar sus emociones, sus sentimientos y diversos aspectos de su ámbito inconsciente. Debido a lo cual resultaba imposible que se produjera una revolución en términos marxistas y cualquier propuesta de cambio.

El pensamiento crítico quedaba reducido a la mera denuncia, una manifestación del desacuerdo y de la injusticia; pero incapaz de movilizar a la población para reclamar un cambio real.

Una opinión desalentadora y pesimista que no era compartida por otro de los miembros del Instituto: Hebert Marcuse. Quien consideraba que toda esta evolución había creado las condiciones para la aparición de un nuevo agente promotor del cambio social.

En otras palabras, Marcuse planteó como tesis que en la década e 1960 se estaba dando la emergencia de un nuevo modelo de movilización social, completamente innovador, que podía llegar a producir laos cambios estructurales requeridos.

¿Cuál era la naturaleza de esos movimientos?, ¿qué agentes los conformaban?, ¿cuál era su estrategia? y ¿podrían llegar a tener éxito?; fueron algunos de los interrogantes  a los que intentó responder Marcuse en sus investigaciones; las cuales repasaremos en nuestra próxima entrega.

By | 2018-10-29T12:52:58+00:00 octubre 29th, 2018|Sistemas Políticos y Sociales|0 Comments

About the Author:

Si quieres comentar alguna idea o sugerencia del artículo puedes contactar directamente con el autor de esta entrada. Contacta

Leave A Comment